
Llevábamos consumidos nueve meses del dos mil diez cuando, recién comenzado Octubre, concretamente el día dos, llegaba a nuestro pueblo un nuevo cura: el padre Alonso.
Natural de MANIZARES (Colombia), aterrizó en Híjar después de haber pasado por algún pueblo más, y aquí se encontró la magnífica iglesia un poco deteriorada. Esto no le supuso mayor problema, pues de todos es sabido que Dios está en todas partes, y los hijaranos (que tenemos recursos para todo), habíamos habilitado el pabellón deportivo (y también la antigua discoteca), para celebrar los oficios religiosos. Todo con el mayor respeto, claro.
Así pues, el buen hombre, comenzó su labor de la mejor manera que pudo y supo, adaptándose a las circunstancias y esperando… ( mira por donde, en ese mismo 2010, se publicó en el BOA la licitación de las obras)
Y es que, como algunos expertos en numerología dicen, 2010 es la cifra de la perfección. La la suma de sus números, da 3, que significa “equilibrio entre cuerpo y espíritu”.
Bueno, sea como sea, el 29 de marzo del 2015, tuvimos la suerte de volver a nuestra iglesia, y el padre Alonso pudo disfrutar también de esa joya mudéjar que tenemos.
¡Pero todo no es infinito en esta vida!, así que, cumpliendo mandatos, nos lo trasladan a Zaragoza (hoy, día 24, el pueblo le hace una misa de homenaje-despedida-agradecimiento).
Durante los 13 años que ha permanecido con nosotros, ha podido conocer bien cómo es nuestra gente: amable, respetuosa, cálida, acogedora, firme defensora de sus costumbres y tradiciones… Se podrían añadir cientos de calificativos. Como él también los traía puestos, pronto hubo un perfecto ensamblaje, y el padre Alonso (o Jamer, como se quiera), ha pasado un tiempo que no va a olvidar fácilmente.
Y eso es lo que hoy queremos agradecerle. Él ha amado lo nuestro como se ama lo propio. Ha hecho de padre, de amigo, de hermano... Ha celebrado y administrado todos los sacramentos de vivos y difuntos, y ha intentado reforzar nuestra fe de cristianos. Manizales y su familia, deben sentirse orgullosos; nosotros, también.
Por eso, no vamos a decirle adiós. Siempre tendrá su casa en este pueblo que él se lleva en el corazón, y que acogerá de igual forma al nuevo cura que nos sea enviado.
¡Hasta siempre, padre Alonso! ¡Que Dios y la Virgen le bendigan!
Autora : Teresa Rubira .