![]() |
| ARCO DE UNA CAPILLA CON LA CALLE DE SAN BLAS AL FONDO . |
![]() |
| RUINAS DE LA IGLESIA DE SAN BLAS AÑO 1938 . |
![]() |
| ARCO DE UNA CAPILLA CON LA CALLE DE SAN BLAS AL FONDO . |
![]() |
| RUINAS DE LA IGLESIA DE SAN BLAS AÑO 1938 . |
Esta semana , en nuestra sección " Pasatiempos para pensar " , lo hacemos con una Sopa de Letras , en el que hay escondidas en todas las direcciones 12 profesiones.
La solución de esta semana, esta pulsando en el enlace inferior : ( Pulsen y esperen unos segundos, hasta que se complete la descarga. )
San Blas nació en Sebaste, ciudad de Armenia, cuando corría la segunda mitad del siglo III. Allí hizo sus estudios y ejercicio la profesión de médico. Allí lo eligieron obispo y derramó su sangre.
El ejercicio de la medicina le hizo reflexionar sobre los límites y la caducidad del hombre. Acabó comprendiendo que las miserias y la fugacidad de la vida sólo se pueden superar en el horizonte de la fe. Llegó a la conclusión de que los bienes eternos eran superiores a todo. Esto le movió a retirarse a una cueva solitaria en el cercano Monte Argeo, para dedicarse más intensamente a la oración, a la meditación y a la penitencia.
Falleció entonces el obispo de Sebaste. El clero y los cristianos de la ciudad pensaron en Blas como nuevo pastor de su diócesis. Se resistió al principio, pero, ante las insistencias, acabó aceptando. Recibió las órdenes sagradas de presbítero y luego de obispo. Se entregó totalmente al pueblo cristiano repartiendo a manos llenas la palabra de Dios y el pan de la caridad. Su descanso era retirarse a su cueva en la montaña para leer la Sagrada Escritura y pasar horas interminables de oración y ayuno.
Los animales, cuyo instinto advierte quién se acerca a ellos con intenciones agresivas o pacíficas, acabaron sintiendo la bondad de aquel ermitaño. Poco a poco perdieron el miedo. Su natural desconfianza se fue suavizando. No huían al verle, sino que permanecían tranquilos, llegando al final a tomarle como un amigo que no los recibía con gritos o pedradas, sino con actitud suave y amable. Acabaron, olvidando sus reflejos de huida, pasando y deteniéndose ante aquella cueva donde encontraban la palabra dulce y la caricia del ermitaño. Esto revela su amor a la vida y al mundo.
El pontificado de San Blas tuvo una etapa feliz, con la dirección cercana y cordial de los creyentes y con el retiro para darse a la oración y penitencia. Pero llegó la persecución con tortura, prisión y muerte para muchos cristianos. El obispo atendía por la noche al culto y al servicio de la comunidad. Incluso logró visitar y dar el último auxilio a algunos presos.
La persecución arreció y el obispo fue capturado. Lo condujeron atado con cadenas hasta el gobernador romano. Cuando cruzaba doliente las calles de su ciudad natal, Dios hizo brillar su dolor con un milagro. Refiere el acta martirial que una madre angustiada se acercó al santo con su hijo moribundo. Una espina le atravesaba la garganta con una infección que lo ahogaba. La madre desesperada, llevando en brazos al niño medio muerto, irrumpe por medio de la comitiva que conducía preso a San Blas, y se dirige a él con esta súplica: «Siervo de Jesucristo apiádate de mi hijo. Es mi único hijo». El mártir olvida sus cadenas, y va a remediar el dolor ajeno. Pone la mano sobre el niño agonizante; traza la señal de la cruz sobre su garganta. Durante unos instantes ora fervorosamente por él. El muchacho se reanima; arroja la espina que le ahogaba, y recupera la salud. De aquí arranca la devoción a San Blas como protector en los enfermos de la garganta.
Al día siguiente el reo es conducido al tribunal. El prefecto le propone que abandone la fe cristiana y adore a los dioses paganos. San Blas se reafirma en su fe. Los verdugos le aplican la escalofriante serie de torturas que entonces se usaban para doblegar a los condenados. El mártir no se deshace en gritos de dolor; se concentra en su interior alabando al Señor e identificándose con Cristo en la Cruz. Al fin lo conducen fuera de la ciudad y sobre un poyo de piedra le cortan la cabeza. Era el día 3 de febrero del 316.
Hombres amigos recogieron discretamente su cuerpo y lo enterraron con respeto. Sobre el sepulcro se levantó un templo. Desde allí su culto y sus reliquias se extendieron por todo el mundo. Su imagen preside altares y retablos. Se representa llevando la mano derecha hacia la garganta. Tal gesto expresa simbólicamente el patronazgo del santo sobre los males que pueden afectar a esa parte del cuerpo.
En España su devoción está arraigada en todas partes. Muchos llevan su nombre. Hasta se refleja en el refranero. Es el santo de los sencillos y de los niños. Asturias vive también el amor a San Blas. A él están dedicados multitud de altares y ermitas. También está con nosotros en nuestra parroquia, en un lugar preferente pues es nuestro patrono.
Oración por los enfermos de la garganta: Oh Dios, protector de cuantos acuden a Ti, Tú concediste al obispo y mártir San Blas dar testimonio de fe hasta el martirio, y por medio de él realizaste prodigios maravillosos en favor de los enfermos, te pedimos por su intercesión que nos libres de las enfermedades de la garganta .
La Biblia se divide en dos partes: Antiguo y Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento es una narración que abarca desde el nacimiento de Cristo hasta los primeros años del siglo segundo de la era cristiana. Es reconocida como la Palabra de Dios por todos los cristianos, pero no por los judíos, que no reconocen a Jesús como el Mesías prometido.
El Nuevo Testamento consta de los siguientes libros: los 4 Evangelios Canónicos: de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, (que narran la vida y hechos de Jesucristo); también se incluyen todas las Epístolas de San Pablo, y dos libros más: Los Hechos de los Apóstoles (atribuido a San Lucas) y el Apocalipsis (atribuido a San Juan).
En este artículo consideraremos únicamente la parte principal del Nuevo Testamento, que son los 4 Evangelios Canónicos, escritos entre finales del siglo I y principios del II d.C. El idioma oficial del imperio romano era el latín; pero el idioma culto, el que usaba entonces la gente instruida, era el griego, idioma en el que se escribieron los ”Evangelios", palabra que en dicha lengua quiere decir “La buena noticia”.
En general, mucha gente desconoce el origen de los Evangelios. Trataremos ahora de aclararlo. Para los creyentes, no hay ninguna duda sobre la autenticidad de lo que se narra en los Evangelios; pero es posible que usted haya oído o leído en alguna ocasión frases como esta: “Muchos historiadores actuales no consideran que los Evangelios sean narraciones históricas”.
Debe usted entender correctamente el significado de esta última frase. No quiere decir que los historiadores crean que es falso lo que se dice en los Evangelios. Simplemente, lo que significa dicha frase es que los historiadores actuales no han podido aplicar a dichos Evangelios los estrictos protocolos de verificación que usan habitualmente. En esta parte (II) y en la siguiente (III) veremos cuales son los tres motivos principales:
1.- Se sabe con absoluta seguridad que los Evangelios Canónicos han llegado hasta nosotros de la siguiente manera: Se atribuye a San Marcos ser el autor del primer Evangelio Canónico, que narra muchos episodios de la vida de Jesús. No se sabe exactamente en qué fecha lo compuso; se cree que entre el año 40 y el 50 d.C.
Pero viene ahora un detalle muy importante: San Marcos tan solo recitó dicho Evangelio a sus discípulos oralmente, no por escrito. Estos a su vez, se lo transmitieron, también oralmente, a sus discípulos, y estos a su vez a los siguientes discípulos, y así sucesivamente. Es decir, que su transmisión, en principio se efectuó de boca a boca, hasta que hacia el año 70 d.C, alguien a quien le había llegado esta narración oral (que ni se sabe quién fue, ni dónde estaba, ni cuando exactamente lo hizo) se decidió a ponerla por escrito. En papiro, naturalmente. A este primer ejemplar manuscrito en papiro, que no se conserva, se le fueron sacando progresivamente muchas otras copias (recuerde usted lo que se decía sobre este asunto en la primera parte de este artículo). Así durante bastantes siglos.
Y lo mismo sucedió con los otros 3 Evangelios Canónicos: en principio, todos se fueron transmitiendo oralmente. El de S. Mateo se puso por escrito (no se sabe por quién), entre el año 80 y el 90 d.C. El de S. Lucas, lo escribió alguien desconocido entre los años 90 y 110 d. C. El de S. Juan, el más tardío, se cree que alguna persona, también desconocida, lo escribió durante el reinado del Emperador Trajano (años 98 - 117 d.C.)
No se conserva ninguna de las copias originales en papiro de ninguno de los 4 Evangelios. La copia más antigua de las que se tiene noticia, es un corto fragmento de un papiro, que contiene una pequeña parte del Evangelio según San Juan. Fue escrito hacia el año 125 d.C., fecha que se obtuvo mediante el método del carbono 14.
Algunos historiadores actuales alegan que, como los 4 Evangelios Canónicos se transmitieron en un principio oralmente, ello pudo dar lugar a variaciones fortuitas e incontroladas de estas narraciones. Además, una vez que fueron escritos, se tuvieron que ir sacando muchas copias consecutivas de los rollos de papiro correspondientes, con el consiguiente peligro de que los copistas introdujeran algunos cambios, voluntaria o involuntariamente (Recuerde usted lo que se decía sobre este asunto en la parte (I) de este artículo).
Por estas razones, aún sin dudar de la veracidad de las narraciones evangélicas, los historiadores consideran que los Evangelios no reúnen las condiciones necesarias para ser considerados como narraciones auténticamente históricas. En la parte (III) de este artículo se comentarán también otros dos motivos más por los cuales los historiadores se resisten a considerar a los Evangelios Canónicos como relatos verdaderamente históricos.
Autor : Enrique Garralaga Robres.
NOTA : El próximo domingo 8 de febrero, les ofreceremos la parte III " Algo más sobre los evangelios.
Pulsando en el enlace inferior, les mostramos una galeria fotografica de la fiesta del barrio de San Valero, que nos ha enviado el Ayuntamiento de Hijar.
Gabriel Celaya es uno de los seudónimos que utilizó un poeta de origen español, siendo los dos restantes Rafael Múgica y Juan de Leceta. Nació en la provincia de Guipúzcoa el 18 de marzo de 1911 y falleció en Madrid el 18 de abril de 1991. Su obra perteneció a la generación literaria de la posguerra y fue una de las más sobresalientes dentro de la llamada poesía comprometida. A pesar de haber comenzado a estudiar Ingeniería, tuvo la fortuna de cruzarse con artistas tales como Federico García Lorca, quienes lo inspiraron a entregarse a las letras por completo. A lo largo de varios años, estuvo a cargo de administrar la empresa de su familia, ocupación que pudo abandonar luego de haber cofundado la colección poética Norte, donde se publicaron, por ejemplo, traducciones de Arthur Rimbaud y William Blake.
Algunos de sus libros publicados son "Marea del silencio", "Tranquilamente hablando", "Las cartas boca arriba" y "Campos semánticos". Entre los premios que recibió por su importante trabajo literario, encontramos el de la Crítica, por "De claro en claro", y el Nacional de las Letras Españolas, otorgado por el Ministerio de Cultura. Con un título que dice mucho y con versos intensos y llenos de colores, es de digna lectura su poema "La poesía es un arma cargada de futuro", disponible a continuación, entre otros.
MOMENTOS FELICES
Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?
Cuando salgo a la calle silbando alegremente
-el pitillo en los labios, el alma disponible-
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican la alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que se siente?
Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro -sé que todo es fiado-,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así la muerte,
¿no es la felicidad lo que trasciende?
Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es la felicidad lo que amanece?
Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?
Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?
Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
«Estaba justamente pensando en ir a verte».
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?
Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?
AUTOR : Gabriel Celaya.
En el día de hoy , rescatamos algunos establecimientos en el barrio de San Valero del año 1945.
de la entrada marcando buen sendero,
quien llevó nuestros pies, cada mañana,
cuando niñas pequeñas, al colegio.
Esa hermosa capilla, en que aprendimos
a seguir los valores que nos dieron:
respetar tradiciones y costumbres
como seña y emblema de este pueblo.
Y los padres, humildes, día a día,
al calor de la lumbre y del brasero,
nos sembraban ejemplo con su vida
del amor más intenso y verdadero.
Fuiste tú, santo fiel, nuestro testigo
cuidador de los tiempos, y el lucero
para entrar hasta el centro de unas calles
que empezaban los años entre fuegos.
(Al pasar San Antón, sin darnos tregua,
esperábamos ya, final de enero
por la fiesta especial que en este barrio
se organiza en honor a San Valero).
Y hoy seguimos aquí, bajo su manto
que protege del viento, recio y fiero,
encendiendo la hoguera, pura llama
donde darse el abrazo más sincero.
Junto al río Martín, guarda la Villa.
¡Que por siempre bendiga nuestro pueblo!
¡Viva San Valero!
Autora : Teresa Rubira.