Teresa progresó rápidamente con las enseñanzas de esta gran maestra, pues pronto llevó a cabo muchas actuaciones en Híjar y su comarca con la rondalla del Tío Anacleto. Sin embargo, el destino le deparaba a Teresa un alejamiento de su tierra aragonesa, aunque no de la jota. Todavía muy joven, pasó a residir en la ciudad de Valencia, donde vivían unas tías suyas y donde trabajaría de peluquera. Pero la jota no tardaría mucho en volver a cruzarse en su camino. Recordemos que en el mes de agosto de ese mismo año se constituirán las Escuelas de Jota y Rondalla del Centro Aragonés del Puerto de Sagunto. No es casual, merced a la buena relación entre ambos centros, que Teresa Pina y Pablo Luis Maza, profesores de los cuadros de Valencia, serán también los primeros profesores de canto y baile, respectivamente, del Puerto de Sagunto, a donde se desplazarán semanalmente a impartir sus clases. Teresa representó en tierra valenciana el estilo de Pascuala Perié, pero ella misma creará su propia escuela. Alumnos suyos fueron Manuel Lahuerta, Miguel Sánchez, Victorino Izquierdo, Pepe López “Romualdo” … y Angelita Romero, que será su sucesora como profesora de canto en el Centro Aragonés del Puerto de Sagunto.
Su voz no sólo vive en el recuerdo de quienes la conocieron, afortunadamente está registrada también en los microsurcos de un disco de pizarra de la casa Columbia (R-18421) grabado en 1953, y en el que, junto a la cuerda pulsada de la Rondalla del Centro Aragonés, entona dos jotas clásicas de su maestra “La Perié”, “Al clarear de la luna” y “Pulida Magallonera”, una jota con estribillo (“Aprieta bien el cántaro”) y otro estilo con letra del presidente del Centro Aragonés de Valencia, Adelino Gómez Latorre.
" Si en Huesca cantan la jota
y en Zaragoza también,
no es menos valiente y maja
la que se canta en Teruel”.
Con el canto y la enseñanza se iban desgranando los años, hasta que a principios de los años sesenta, una primavera y en la Basílica del Pilar de Zaragoza, Teresa contrajo matrimonio con Cipriano Solaz, panadero y socio del Centro Aragonés, y pasó a dedicarse exclusivamente a la empresa de su marido. Fuera del escenario, sólo cantaría en familia, si bien siempre recordó gozosamente su etapa artística que, según ella manifestó, le hizo muy feliz.
Nunca abandonó su relación con Hijar, donde una vez jubilada pasaba los veranos en la casa heredada de sus padres. Enviudó y, finalmente, falleció en Valencia en julio de 1999, siendo enterrada en Híjar.


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