jueves, 2 de abril de 2026

Una vista «de lujo» para vivir el momento más importante de todo el año en Híjar. Autora : Marina Monreal.

 


El Ayuntamiento de la capital del Bajo Martín es el único que elige a cinco vecinos al azar para que puedan ver desde el balcón el instante en el que se rompe la hora

La plaza de la Villa de Híjar cuenta, gracias a su característica forma cuadrada, con al menos una veintena de balcones y ventanas que ofrecen una vista privilegiada de todo lo que acontece en el espacio. Hay momentos en el año en los que sus afortunados propietarios se aprovechan de esta circunstancia, siendo probablemente la más destacada de todas las oportunidades la de sentir cómo todo tiembla el Jueves Santo a las 00.00. Si en lugar de una veintena, la plaza contara con, por dar una cifra, 100 balcones, todos ellos estarían llenos hasta la bandera de gente.

Tal es el fervor por disfrutar de la mejor de las perspectivas que el Ayuntamiento de Híjar ofrece la oportunidad de contar con un espacio reservado a cinco vecinos —y sus respectivos acompañantes— para, con una vista de lujo, ver el acontecimiento. El sorteo es prácticamente igual al que elige a los miembros de las mesas electorales. Solo hace falta estar empadronado y, en este caso, sin límite de edad.

Se trata de una cuestión más, un trámite que pasa por el pleno como tantos otros. Incluso los vecinos, los que podrían llegar a disfrutar del honor de subirse a tener una vista de lujo, lo desconocen y, cuando reciben la llamada del Ayuntamiento, piensan que se trata de una broma. Los hay que no están dispuestos a renunciar a tocar el tambor o el bombo en el momento que llevan esperando durante todo el año. Por ello, es importante saber que el honor se puede ceder a un allegado. Así les ocurrió a las dos protagonistas de este reportaje.

Josefina Casaled ocupó en 2024 el puesto que, por sorteo, le había tocado a su hija. «Siempre lo había visto desde abajo, pero tuvimos la oportunidad y me subí con mi nieta pequeña, que tenía seis años», relata la hijarana. Recuerda que fue un momento «muy ilusionante» y que, cuando a las 00.00 el silencio dio paso al estruendo, «el balcón entero se puso a temblar».

Ana Cidraque, la segunda voz de estas líneas, comparte una historia similar a la de Josefina. El sorteo de 2025 recayó también en su hija, que, con 11 años en ese momento, no quiso ni oír hablar de ningún balcón. «Ella quería estar en la plaza, con su tambor y sus amigas, así que fuimos mi marido y yo los que subimos». En su caso, confiesa que no era la primera vez. Es hija de David Cidraque, alcalde de la localidad entre los años 1987 y 2000, y recuerda que, siendo niña, podía ver desde las alturas a su padre llegando al centro de la plaza y siendo el encargado de romper el silencio a las 00.00.

En lo que sí coinciden ambas es en que, a pesar de ser una experiencia única, no fue exclusiva. «Mi nieta y yo llegamos muy pronto, pero al balcón empezaron a salir personas y llegó un momento en que no nos podíamos ya ni mover», apunta Josefina. Su año, 2024, coincidió con la visita del presidente del Gobierno —ahora mismo en funciones— Jorge Azcón y la retransmisión en directo del evento en Aragón TV. «Fue muy bonito, pero la verdad es que estábamos muy apretados», añade Ana. En su caso, tuvo la suerte de que una amiga, desde un balcón cercano, le grabó un vídeo para inmortalizar el momento y en el que se la puede ver con su marido sin apenas margen de movimiento, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

Se da la circunstancia de que ambas mujeres tuvieron la vista de lujo porque otra persona —en ambos casos una hija— les cedió el testigo. De no haber sido así, las dos hubieran vivido el momento desde los porches de la plaza. «Nunca he tocado porque, cuando era joven, los hombres no nos querían en las procesiones», relata Josefina. Para ella, la noche del Jueves Santo es «una noche de amigas» porque quedan, van a la plaza y luego toman un café y unas pastas para hacer tiempo hasta que llegan los Rosarieros. Aun así, hubo un año en que sí quisieron entrar en la plaza: «probamos a colgarnos el tambor y ponernos la túnica, pero, entre que había mucha gente y que pesaba mucho, pensamos que el plan del café nos apetece más», recuerda entre risas. En el caso de Ana, ella, cuando puede, opta por el bombo porque, al no aprender de joven, ahora asegura no tener «la destreza necesaria para tocar el tambor».

Ambas representan una generación que dista mucho de la actual, en la que las mujeres sí pueden ocupar el espacio que merecen. Tanto las hijas de una como las hijas y las nietas de la otra aprendieron a tocar siendo muy pequeñas y ahora participan en los actos más importantes: las procesiones, el Romper la Hora o incluso el Concurso Nacional de Tamborixar. «Es un verdadero orgullo verlas tener la oportunidad de poder tocar», coinciden ambas.

A pesar de todo, la conclusión a la que ambas llegan es que la mejor parte no solo estuvo en el privilegio del balcón, sino en el catering que más tarde aguardaba en una de las salas del Ayuntamiento. Ambas tuvieron que pasar por allí para hacer la foto que ilustra estas líneas y ambas recordaron entre risas los pasteles que aguardaban al salir del balcón. «Yo, como estaba con mi nieta, me quedé un momento y nos fuimos, que estaba muy cansada», recuerda Josefina. «Ah, pues nosotros sí que nos quedamos, fue la mejor parte», concluye entre risas Ana.


Fuente : LaComarca.net

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