sábado, 28 de febrero de 2026

TIEMPO DE FRESAS , LIRIOS Y TAMBORES . Autora : Teresa Rubira.




Cuando llega este tiempo con sus aromas especiales, no puedo evitar el recuerdo de aquellos fresones del bancal de tío Pilatos, que sabían a gloria; de los lirios morados del huerto mis abuelas, que olían a primavera, y del eco inigualable de los tambores, que ya comenzaban a escucharse por todos los pueblos. Y es que, como aquel que dice, ¡estamos ya en Semana Santa! Fechas señaladas donde las haya, que nos dan la oportunidad de cortas vacaciones para juntarnos con familia y amigos, aunque ello suponga encontrarnos con alguna dolorosa ausencia que no se espera. ¡Así es la vida!

Y comienzo también a leer en Eshijar o en La Comarca, los anuncios de  próximos encuentros y concentraciones de tambores y bombos, incluso a nivel nacional.

Me pregunto siempre: ¿Qué tienen nuestros tambores, cuyo toque sabe a llanto y sabe a grito? Si consultamos sobre las distintas definiciones de tambor, encontramos algunas tan hermosas como: “Símbolo de identidad  y memoria colectiva”. “Instrumento de poder mágico que sirve para comunicarse, alabar, dar gracias…” “Elemento que forma parte consustancial de la Semana Santa y transmite una Pasión sonora…” Y tantas, y tantas…Pero, en el fondo de nuestros corazones, tambor es mucho más. Es algo que nace ya con nosotros, que crece con nosotros, y que NO muere con nosotros. 


 Por un cielo de siglos, sol y luna,

 nuestros padres sonríen cuando grita.

 ¡Y vestimos la piel, donde palpita

 cuando hallamos su herencia, en la fortuna

 de soñar el tambor desde la cuna!


Por eso, yo creo que, desde la suave quietud del Camposanto, el espíritu de los nuestros escucha atento, en el eco de las procesiones, el sonido de su propio tambor. Y saben bien que lo estará tocando un hijo, una nieta, un sobrino...Porque suyas fueron las tradiciones que hoy nos llenan de orgullo y de sentido. Y estoy bien de acuerdo con esa definición que dice: “el tambor tiene un poder mágico que sirve para comunicarse, alabar, dar gracias…”


El Viernes Santo del año pasado, cuando un grupo de tambores y bombos hacía entrada en nuestro Cementerio, un escalofrío nos recorrió de arriba a abajo, mientras las lágrimas se hacían presentes. Porque era una demostración de amor, respeto y agradecimiento. Una ofrenda de toques que ellos nos enseñaron. Una forma más, de demostrarles que no los olvidamos.


¡Grita fuerte, tambor, que allá en el cielo

procesión de los nuestros ha salido   !

                                       

En medio del silencio, supo aquel toque a caricia de los padres, a surco de arado y a cosecha, a redondez de era, a manojo de estrellas que nunca pierden brillo. Y, seguro, seguro, que ellos lloraron y sonrieron con nosotros, porque su vida sigue siendo nuestra vida; esa que no muere con el cuerpo.


 ¡¡Para repetir!! Para repetir...



Autora :  Teresa Rubira.


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