En la segunda parte de este artículo se comentó que los historiadores se resisten a considerar como libros auténticamente históricos a los Evangelios, lo que no quiere decir que consideren que su contenido sea falso, sino que concurren en ellos algunas circunstancias especiales que no se dan en otro tipo de narraciones.
La primera de estas circunstancias especiales, que ya vimos en la parte (II) de este artículo, es que sus autores, los Evangelistas, no escribieron personalmente sus respectivos cuatro Evangelios, sino que su contenido se fue transmitiendo oralmente durante bastantes años, hasta que alguien (no se sabe quién) se encargó de ponerlos por escrito. Consideraremos ahora otros dos motivos especiales que llaman la atención de los historiadores, en relación con los Evangelios:
2.- Entre los siglos I y III d.C, por diversas razones, entre las que destacan la destrucción de Jerusalén y la conquista violenta de Judea por parte de los romanos (año 70 d.C.), varios autores judíos, que esperaban la venida del Mesías liberador, escribieron muchos Evangelios. Se conocen unos 55, y se cree que aún hubo más (la mayor parte de ellos están muy incompletos; de algunos tan sólo se han conservado unas pocas páginas). Por supuesto, todos se escribieron en rollos de papiro y después se les fueron sacando copias. Recordemos que el papel no llegaría hasta muchos siglos después.
Para guiar a los fieles e imponer la verdad, las autoridades cristianas, en el Sínodo de Roma, del año 382 d.C, decidieron que, de los muchos Evangelios conocidos, tan solo cuatro habían sido directamente inspirados por Dios: son los llamados “Evangelios Canónicos”, atribuidos a San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan.
A todos los demás Evangelios, desde entonces se les llama “Evangelios Apócrifos”, y en dicho Concilio fueron rechazados como no auténticos.
La verdad es que el contenido de la mayor parte de los Evangelios Apócrifos se parece mucho al de los Evangelios Canónicos. Difieren solo en detalles pequeños y poco importantes. No obstante, hay algunos de los Evangelios Apócrifos, que sí contienen diferencias significativas con respecto a los Evangelios Canónicos.
Pero los historiadores actuales alegan que no se conocen detalladamente las razones por las cuales las autoridades cristianas proclamaron que tan sólo los 4 Evangelios Canónicos habían sido inspirados por Dios. Uno de los motivos que, en su momento, se mencionaron a su favor es la tradición: San Ireneo de Lyon afirmaba, ya hacia el año 180 d.C. que solo había 4 Evangelios auténticos. Esta fue la primera declaración clara de que los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan eran los únicos inspirados por Dios. En lo sucesivo, los demás Evangelios Apócrifos, se fueron relegando al olvido.
La Iglesia Católica reconoce estos hechos. Lo comprobamos, por ejemplo, en la siguiente frase litúrgica, que se lee en cada Misa. Dice, textualmente:
“Lectura del SANTO Evangelio, SEGÚN San (Mateo, Marcos, Lucas, o Juan)”
Lo de SANTO hace referencia a que, de todos los numerosos Evangelios que se conservan, tan solo los 4 Evangelios Canónicos fueron directamente inspirados por Dios.
La palabra SEGÚN introduce un matiz importante: Reconoce que fueron los 4 evangelistas quienes, inspirados por Dios, dieron forma a sus respectivos Evangelios; pero no fueron ellos mismos quienes los escribieron. De esto se encargaron otras personas desconocidas, bastantes años después. Los 4 evangelistas se limitaron a transmitir oralmente a sus discípulos el contenido de cada uno de sus respectivos Evangelios.
Terminaremos exponiendo otro motivo por el cual los historiadores manifiestan que no se deben considerar los Evangelios Canónicos como históricos en el pleno sentido de esta palabra, si bien esto no significa que sean falsos.
3.- Tanto el nacimiento como la muerte de Cristo, en su época, pasaron absoluta y totalmente desapercibidos en la inmensidad del imperio romano. Por ello, no es de extrañar que ninguno de los muchos e importantes historiadores romanos que había en la época de Cristo, le nombre. No se conserva ningún acta del proceso en el que el Procurador romano Poncio Pilato le condenó a morir en la cruz. Ni se ha encontrado absolutamente ningún documento oficial romano de su tiempo, ni ninguna inscripción que le cite para nada.
Es decir, que los historiadores actuales no tienen a su disposición ningún otro documento histórico contemporáneo de Jesús, que les permita establecer comprobaciones o comparaciones con lo que se dice en los 4 Evangelios Canónicos. No hay ningún otro texto, reconocido por todas las Iglesias cristianas (católica, ortodoxa, armenia, protestantes, etc), que narre la vida y hechos de Jesús. Son la única fuente directa de información que tenemos sobre la vida de Cristo.
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