lunes, 25 de diciembre de 2017

BELÉN. Autor : Enrique Garralaga Robres .


En mayo y junio de 2015 tuve la suerte de poder hacer un inolvidable viaje privado por Israel, en compañía de unos amigos y de un historiador y arqueólogo que había trabajado en las excavaciones de Tell Hazor, antiquísima ciudad cananea del Norte de Israel, anterior a su conquista y destrucción por los Israelitas, reconstruida después por Salomón, hace casi 3000 años, y vuelta a destruir por los Asirios.

En Tel Aviv, capital de Israel, se nos unió otro arqueólogo que también había excavado en Tell Hazor, actualmente Profesor de Historia en la Universidad de Jerusalén, amigo del anterior. Además de ser personas muy agradables, nos explicaron de manera amena y muy documentada todos los lugares que visitamos, incluidos algunos no abiertos al público, pero a los que nos autorizaron a entrar, al ir acompañados por ellos. También nos enseñaron, con la natural satisfacción que puede suponerse, algunas de las piezas expuestas en el Museo de Jerusalén, que ellos y sus equipos habían descubierto en Tell Hazor.

Otro día les contaré mis impresiones sobre Jerusalén, ciudad verdaderamente maravillosa, aunque tiene el grave inconveniente de los continuos altercados entre israelitas y palestinos, algunos de los cuales presenciamos nosotros. Inquieta la presencia continua en sus calles de militares, y también la de no pocos civiles, algunos muy jóvenes, portadores de armas de fuego. Por si fuera poco, la reciente declaración del Presidente Trump, reconociendo a Jerusalén como capital del Estado de Israel, “ha echado más leña al fuego”, intensificado las manifestaciones, ataques y disturbios en toda Palestina y en el Mundo Árabe.

Jerusalén, pese a su cercanía al Mediterráneo, está a una altura de 750 m. sobre el nivel del mar. Está dividida en “Jerusalén Oeste”, perteneciente a Israel, que es una ciudad moderna y floreciente, y “Jerusalén Este”, que es una ciudad amurallada, en cuyo increíble interior parece que retrocedemos a siglos pasados. Belén, población de unos 20.000 habitantes, está a sólo 9 km de Jerusalén. Hoy les quiero contar cómo es actualmente la ciudad de Belén. Tenía interés en visitarla, para confrontarla con la ingenua imagen que tenía de ella desde la niñez, asociada como la tenía, al igual que todos nosotros, a los belenes, tan populares en nuestro país.

A pesar de su cercanía a Jerusalén, Belén pertenece ya a Cisjordania, la parte del antiguo territorio de Israel que hoy controla  la Autoridad Nacional Palestina, por lo que se exige pasaporte para visitarla. Nuestros amigos Profesores se quedan fuera, porque uno de ellos es de nacionalidad Israelí, y los judíos tienen prohibida la entrada en Belén.
En la frontera tenemos que bajar del minibús en el que viajamos y entrar en una especie de grandes almacenes, en donde venden, sobre todo, “souvenirs” para los turistas. 

Nos han aconsejado que compremos algo, porque si no, no nos dejarán entrar en Belén. Parece que han quedado satisfechos con lo que les hemos comprado, porque después nos dejan entrar sin tan siquiera pedirnos el pasaporte. Aclararé esta última afirmación, porque dicha así, secamente, parecería dar a entender que los palestinos son sólo unos bandoleros o poco menos.

El contraste entre Jerusalén Oeste (Israel) y Cisjordania es muy fuerte. La primera es una ciudad en la que no falta nada de lo que solemos encontrar en las principales ciudades del mundo: tráfico ordenado, edificios bien construidos, tiendas elegantes, cafeterías, restaurantes, hoteles, etc. Pero a sólo 9 km, Cisjordania es pobre, árida, montañosa, seca, casi desértica, y con muy pocos árboles. Vemos chabolas miserables, que no tienen ni electricidad ni agua corriente, con las cabras fuera y las gallinas correteando por las puertas. Al llegar a Belén se ven unos pocos edificios altos, algunos aún con sus paredes sin terminar, pero ya habitados. 

El turismo es casi su única actividad económica. Comprendemos que los palestinos traten de obtener algún beneficio de los pocos recursos de que disponen.

De manera que se harán ustedes una idea muy aproximada del paisaje del Belén real, si se imaginan una población no muy grande, con muchas cuestas, con edificios y calles de aspecto mucho más pobre que los que hay en España, y además, rodeada de un paisaje muy seco y sin árboles. No veo ni rastro de ninguna industria, y además, casi ni hay agricultura; sólo se ven algunos huertos. 

Hay también algunos pequeños rebaños de cabras y de ovejas por los alrededores. Uno de los palestinos nos acompaña a pie a la cercana “Gruta de los pastores”, donde supuestamente se les apareció el Ángel que les anunció el Nacimiento de Cristo.



                           (Interior de la” Gruta de los Pastores )

A continuación nos acompañan a la mayor atracción que tienen para los visitantes, situada en una plaza en el mismo centro de la población, la “Basílica de la Natividad”, o mejor dicho, el conjunto de 3 Iglesias, todas cristianas pero de confesión diferente: Ortodoxa, Armenia y Católica. Por el camino se nos acercan algunos pobres viejos, con aspecto de beduinos, que llevan en sus manos unos pequeños belenes de madera, todos iguales. Intentan convencernos de su autenticidad, señalándolos con su dedo y diciendo, en un mal inglés: “¡Olivo de Belén! ¡No China, no China!”.


                         ( Exterior de la Basílica de La Natividad )

Este edificio es muy antiguo. Fue construido por Santa Elena, madre del emperador Constantino, en el siglo cuarto d. C. En los 16 siglos siguientes ha sufrido incendios, terremotos y muchas destrucciones y reconstrucciones: por los árabes, los cruzados, el Sultán Saladino, los turcos, etc. A la primera y más antigua Iglesia, la Ortodoxa, se accede por una puerta estrecha y tan baja, que apenas nos llega a los hombros. La estética interior es de estilo bizantino, y tiene en el suelo unos mosaicos antiguos muy valiosos. 


            ( Altar Mayor de la Basílica Ortodoxa de La Natividad. )

Debajo del Altar Mayor está la gruta del Nacimiento de Jesús, y su lado izquierdo, la pequeña Iglesia Armenia. Bajando por una escalera muy estrecha accedemos al lugar señalizado como el del Nacimiento de Jesús, que nos sorprende por su tamaño. He elegido para mostrarlo la foto siguiente, porque el brazo con la cámara nos da una idea de su pequeñez. 


                              ( Lugar de Nacimiento de Jesús )

Enfrente, y a dos pasos de distancia hay otro hueco, algo más alto y de menos de 2 metros cuadrados de superficie, señalizado como el lugar de la Adoración de los Reyes Magos. Tenemos la suerte de haber llegado en un momento en el que somos nosotros casi los únicos visitantes, porque este lugar es pequeñísimo, pero podemos contemplarlo tranquilamente. Subimos por otra escalera estrecha, que nos da acceso a la Iglesia Católica, grande y muy moderna.

                      ( Lugar de la Adoración de los Reyes Magos .)

Después de la Iglesia Católica, se visita un convento contiguo, edificado sobre unas grutas en las que según la tradición, San Jerónimo, uno de los Padres de la Iglesia, escribió “La Vulgata”, traducción al latín de los antiguos textos de La Biblia, escritos originalmente, parte en arameo y parte en griego.

A la salida a la calle, volviendo al autobús, nos encontramos con una boda de palestinos, muy bulliciosa. En una fila de coches, los invitados van cantando y haciendo mucho ruido, algunos subidos encima del techo.

Al terminar nuestra visita y volver a Jerusalén, preguntamos a nuestros amigos los Profesores por la autenticidad de éste y de los otros Santos Lugares. Nos responden que no hay ninguna prueba documental, ni arqueológica, ni de ninguna clase, que demuestre totalmente su autenticidad. Pero tampoco está demostrado que sean falsos. 

Todo se basa en la tradición; en este caso se remonta hasta Santa Elena, que buscó el lugar en el que había nacido Jesús unos tres siglos y medio antes, basándose en ciertos milagros que le ayudaron a localizarlo. En todo caso, lo cierto es que a la mayor parte de los visitantes les causa una viva emoción estar presentes en el mismo lugar en el que nació Cristo, tan emblemático en la tradición religiosa cristiana.


Les deseo a todos ustedes unas Navidades muy felices.



Autor :  Enrique Garralaga Robres.

4 comentarios:

  1. ¡Muy interesante! Gracias, Enrique. Feliz Navidad a todos.

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  2. Muy interesante. Soy creyente pero nunca me ha llamado la atención visitar esos lugares pues como has comentado no hay pruebas históricas de que esos lugares sean exactamente aquellos en los que estuvo Nuestro Señor, tan sólo es tradición. De todas formas lo que sí es cierto es que anduvo por aquellos pueblos y ciudades por lo que sólo por eso merece la pena visitarlos.

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  3. Otra buena redacción Enrique, así como leía me imaginaba todos esos lugares, desde que bajasteis del minibus, casi obligados a comprar en los grandes almacenes.
    Después todo me hace seguir el curso, de lo que aquí creemos.
    Gracias Enrique

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  4. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.
    En particular a Teresa; trabaja mucho, y la práctica hace que cada vez mejore su poesía.

    Me permito hacer una recomendación a quienes tengan pensado visitar Israel. Es interesantísimo, especialmente Jerusalén. Aunque, sin caer en exageraciones, puede resultar algo peligroso en algunas ocasiones. Saludos y feliz Navidad.

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