domingo, 5 de marzo de 2017

LA CINCOMARZADA DE ZARAGOZA. Autor : Identidad Aragonesa.

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La Cincomarzada zaragozana es una jornada de convivencia y de reivindicación. Por un día todos los vecinos de la ciudad se unen en un mismo lugar, con la intención de disfrutar alrededor de la comida, la bebida y la música. Y, además, aprovechan la ocasión para denunciar, pedir o recordar todo tipo de peticiones y quejas a quien sea conveniente. El Ayuntamiento, la Federación de Asociaciones de Barrios y la Asociación Interpeñas están al frente de la organización de esta jornada, en la que participan otros muchos grupos y asociaciones. Pero, ¿qué se celebra esta jornada que incluso merece una calle en pleno centro de la ciudad? Pues por una victoria militar o, mejor dicho, popular.

Ocurrió a mediados del siglo XIX, en el marco de la guerra civil que desangraba por entonces España. Carlistas e Isabelinos se enfrentaban por la sucesión en la Corona, a la muerte de Fernando VII. Unos defendían los derechos dinásticos de la hija del fallecido, Isabel. Los otros reclamaban la legitimidad del infante Carlos María Isidro, hermano del rey, que nunca quiso reconocer a la por entonces pequeña Isabel como heredera después de haber estado él mismo en ese papel durante casi todo el reinado.

Los enfrentamientos comenzaron en 1833 y se mantuvieron hasta 1840. Fue la primera Guerra Carlista. No sólo se peleaba por los nombres de los sucesores monárquicos, también por la concepción del régimen político del Estado. Así, los Isabelinos agruparon a los defensores del liberalismo y los cambios modernizadores mientras los Carlistas abogaban por el absolutismo y la defensa de los derechos tradicionales, entre ellos el foralismo.

Es por esta última razón por la que muchos investigadores creen que Aragón fue uno de los territorios donde más arraigó la rebelión carlista. Al igual que en País Vasco o Navarra, en esta tierra existía una profunda conciencia foral y cierto sentimiento de pérdida y derrota por la supresión de los fueros aragoneses tras la anterior guerra de sucesión española, con los Decretos de Nueva Planta de Felipe V. La nostalgia por lo pasado era especialmente fuerte en las zonas rurales, donde se asentarían con más fuerza los seguidores de Carlos María Isidro, frente a las esperanzas de cambio y las tendencias liberales que se respiraban en las ciudades. Es por eso que la ciudad de Zaragoza estuvo en manos de los Isabelinos durante toda la guerra.

La capital aragonesa siempre ha sido una importantísima plaza estratégica. Por eso estuvo protegida durante toda la guerra por una amplia guarnición isabelina. Pero en los primeros meses de 1838, ante los movimientos de una columna de los carlistas desde Navarra para intentar enlazar con las tropas de Aragón, los responsables del ejército isabelino decidieron utilizar las tropas de Zaragoza para reforzar sus posiciones en el frente. La noticia llego al General Cabrera, que comandaba las tropas carlistas asentadas en Aragón, y decidió atacar la ciudad.

La noche del 5 de marzo de 1838, 2.800 soldados a pie y 300 jinetes carlistas llegaron a Zaragoza al mando del militar de Urrea de Gaén Juan Cabañero y Esponera. Su intención no era en principio conquistarla, pues sus tropas eras insuficientes para poder defenderla después, sino saquearla. Los carlistas penetraron en el casco urbano con cierta facilidad, ante el escaso número de tropas que la guarnecían.

Dibujo del enfrentamiento con los Carlistas en las calles de Zaragoza
Lo que no esperaban es que su avance quedaría frustrado ante la decidida intervención de los propios zaragozanos, que con utensilios agrícolas y domésticos consiguieron repeler la invasión. Se cuenta que se enfrentaron a los soldados con cuchillos de cocina, armas de caza y aceite y agua hirviendo. Además sacaron todo tipo de enseres para crear barricadas y entorpecer el paso, mientras defendían cada calle con tácticas guerrilleras. Así que, dado que no conseguían ocupar toda la ciudad y  ante la noticia de que las tropas isabelinas estaban volviendo a sus cuarteles, los agresores dejaron rápidamente la ciudad.

Corre la historia de que, nada más llegar a Zaragoza, Cabañero entró en una chocolatería y pidió un tazón de chocolate, pero se tuvo que marchar antes de siquiera probarlo. Por eso cuando en 1840 volvió por la ciudad, aunque esta vez unido a las tropas isabelinas de Espartero tras el Convenio de Oñate, los zaragozanos le gritaron “¡Cabañero, que se te ha enfriado el chocolate!” mientras desfilaba por las calles.

La intervención ciudadana del 5 de marzo le valió a la ciudad el título de ‘Siempre Heroica’. Lo concedió la regente Mª Cristina en nombre de la reina Isabel II, que también añadió al escudo de la ciudad una orla de laurel. Además, dos años después, el Ayuntamiento declaró el día como festivo, comenzó a conmemorarlo oficialmente y  le puso a una calle este nombre.

Claro que el origen frentista y político con el que nació la fiesta iba a significar también su desaparición. Cuando los moderados llegan al poder en 1843, al abrigo de la nueva constitución de 1837, la fiesta oficial deja de celebrarse. Pero los zaragozanos, habituados a celebrar el día 5 de marzo, viven una jornada espontánea de esparcimiento colectivo. Se va al campo, especialmente a la Arboleda de Macanaz, y se disfruta de la comida y la bebida. Nace una tradición que va a continuar durante décadas, recuperada también oficialmente desde el Bienio Progresista de 1854.

Con la Guerra Civil la fiesta oficial volverá a desaparecer. El franquismo no celebra el 5 de marzo e incluso le cambia el nombre a la calle y le pone el de las tropas de los Carlistas derrotados: “Requeté Aragonés. Aunque lo cierto es que, justo antes de la guerra, las crónicas cuentan que ya se había perdido la memoria del origen de la fiesta.

Tras la dictadura, en 1977, se comienza a celebrar de nuevo tímidamente. En 1981 se  recupera oficialmente junto con las comisiones de fiestas de los barrios y las asociaciones ciudadanas. En cierta forma recuperó su origen reivindicativo. Porque los grupos políticos o las asociaciones aprovechan la cita para instalar espacios informativos sobre sus actividades. Casi siempre se ha celebrado en el Parque Tío Jorge, en el Arrabal, aunque en los últimos años se celebró en otros espacios verdes.  Es una jornada de convivencia y fiesta en la que los grupos de amigos y peñas preparan sus ranchos y disfrutan de la jornada al aire libre. Además se puede disfrutar de pasacalles,  los gigantes y cabezudos o verbenas. Y goza de muy buena salud, pues cada año participa mas gente.


Autor :  Identidad  Aragonesa.

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