martes, 21 de febrero de 2017

MI BURRO . Autor : Diego Lasala Gerique.


Hasta los dieciseis años bien pasados, no dejé de ir a clase con mi maestro, nunca habia trabajado, ni habia visto como se hacían las cosas del campo, cuando empecé a trabajar desconocía el trato de los animales.

Un gran burro conmigo juguetón ya que siempre que estaba con él, mis juegos eran darle bofetadas a los dos lados del morro, el intentaba cogerme enfadado con la boca, nunca pudo hacerlo con lo que quedamos amigos, yo veia el peligro de jugarme una mano.

Cuando empecé a ayudar a mis padres hasta mitad del mil novecientos cincuenta, tuve muchas veces de compañero al grandiosimo y pacifico burro, como quiera que siempre que yo podía iba montado en él , si era con los algados puestos, tenía que llevar las piernas y los pies hacia adelante, por lo cual eran muchas las veces que trataba el burro de pillarme los pies con su bocaza, nunca pudo hacerlo .

Si iba al monte a las lejanas parideras, salía de casa a las dos de la noche, ( aparejaba siempre el burro mi padre ), al hacerse de día lo primero que hacía era comerme el bocadillo placidamente a caballo, a la vuelta como el burro iba bien cargado por los amables pastores, me agarraba a los algados y andando me dormía.

Un día de los muchos que lo hacía, fui a una torre de mis tios, una de mis primas siempre era la misma, muy amable llenaba los sacos de paja y los cargaba en el burro, ( normalmente era mi viaje a buscar paja ), en el camino de vuelta no se porque el burro tuvo una gran espantada, corría , brincaba y yo no podía hacerme con él, todos los sacos fueron a rastras, lo vio una simpatica moza y ella sin ningun esfuerzo cargo los sacos y pude llegar a casa, de lo contrario llego yo solo .

Una noche montado subi la Cuesta de los Peirones, llegue a lo alto, vi que venian un grupo de cuatro o cinco que subian la cuesta a la altura de la Cruz Cubierta, se embozaron bien las bufandas, no se les veia la cara, se pasaron de lado a mi altura, junto a la casa familia de los Forcadas, sin hablar palabras yo tampoco hable, uno sujeto por las riendas el animal, los demas no les di tiempo si querian demostrarme, como en los algados llevara la vara de latonero, rapidamente la cogi y la levante para darle con ella al cobarde que ayudado por otros me queria avasallar, nada más de ver mi movimiento solto las riendas y en un salto se salio al medio de la carretera, los demas no tuvieron otro tiempo que hacer lo mismo ¿ Que intenciones tenian que se embozaron y no hablarón ni una sola palabra. ? , yo tampoco hable pero de sus cabezas hubiera brotado sangre.

Otro día entraba al pueblo, fachada del Tio Lucas, entre el Hospital y San Valero, unos gitanos que bajaban con caballerias, las desviaron con la intención de que yo me ladeara, sujete bien las riendas y la vara en el morro, de mi burro y no cedí un solo milimetro, los gitanos acostumbrados a las caballerias tuvieron que volver a su puesto.

En las Ventas, Carretera de Alcañiz, iba con mi padre, todo el camino placidamente dormido, tropezó el pobre animal y yo brinque dormido por encima de sus orejas, dos o tres metros, dormido como iba cai de pie.

Un día ya de vuelta con la carga a casa, se presenta una tormenta, no tardo mucho en caer un fuerte aguacero, corderos, burro y yo empapados de agua, camino hacia delante sin parar de llover, para mi un caso curioso del gran aguacero pasamos a terreno que no caia una sola gota, la tierra polvorienta, me gusto mucho este fenomeno de la naturaleza, vi y senti lo que nunca habia sentido, ni visto en mi cuerpo.

Tuve muchos consejos de mi padre , entre ellos dos de la naturaleza, si me encontraba en el monte o secano, se levantaba un fuerte viento huracanado, buscara enseguida a ser posible un lugar con zanja mas honda que el camino y me echara largo en ella, hasta que se calmara el fuerte viento.

Si una tormenta o tronada llevaba piedra, me quitase la chaqueta y me envolviera la cabeza con ella.

Quizas todos los consejos fueron muy sabios.  No los recuerdo.



Autor :  Diego Lasala Gerique.

2 comentarios:

Eva dijo...

Es increíble el memorión que tienes abuelo. Y lo que te gusta rememorar tus recuerdos de niñez y juventud. ¡Tienes para escribir novelas enteras! Un abrazo.

El Calandino dijo...

Ahora ya tienes quien te empuje, Diego, sigue....