domingo, 1 de febrero de 2026

(II): LA ESCRITURA DE LOS EVANGELIOS. Autor : Enrique Garralaga Robres.


La Biblia se divide en dos partes: Antiguo y Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento es una narración que abarca desde el nacimiento de Cristo hasta los primeros años del siglo segundo de la era cristiana. Es reconocida como la Palabra de Dios por todos los cristianos, pero no por los judíos, que no reconocen a Jesús como el Mesías prometido.

El Nuevo Testamento consta de los siguientes libros: los 4 Evangelios Canónicos: de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, (que narran la vida y hechos de Jesucristo); también se incluyen todas las Epístolas de San Pablo, y dos libros más: Los Hechos de los Apóstoles (atribuido a San Lucas) y el Apocalipsis (atribuido a San Juan).

En este artículo consideraremos únicamente la parte principal del Nuevo Testamento, que son los 4 Evangelios Canónicos, escritos entre finales del siglo I y principios del II d.C. El idioma oficial del imperio romano era el latín; pero el idioma culto, el que usaba entonces la gente instruida, era el griego, idioma en el que se escribieron los ”Evangelios", palabra que en dicha lengua quiere decir “La buena noticia”.


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En general, mucha gente desconoce el origen de los Evangelios. Trataremos ahora de aclararlo. Para los creyentes, no hay ninguna duda sobre la autenticidad de lo que se narra en los Evangelios; pero es posible que usted haya oído o leído en alguna ocasión frases como esta: “Muchos historiadores actuales no consideran que los Evangelios sean narraciones históricas”.

Debe usted entender correctamente el significado de esta última frase. No quiere decir que los historiadores crean que es falso lo que se dice en los Evangelios. Simplemente, lo que significa dicha frase es que los historiadores actuales no han podido aplicar a dichos Evangelios los estrictos protocolos de verificación que usan habitualmente. En esta parte (II) y en la siguiente (III) veremos cuales son los tres motivos principales:

1.- Se sabe con absoluta seguridad que los Evangelios Canónicos han llegado hasta nosotros de la siguiente manera: Se atribuye a San Marcos ser el autor del primer Evangelio Canónico, que narra muchos episodios de la vida de Jesús. No se sabe exactamente en qué fecha lo compuso; se cree que entre el año 40 y el 50 d.C.

Pero viene ahora un detalle muy importante: San Marcos tan solo recitó dicho Evangelio a sus discípulos oralmente, no por escrito. Estos a su vez, se lo transmitieron, también oralmente, a sus discípulos, y estos a su vez a los siguientes discípulos, y así sucesivamente. Es decir, que su transmisión, en principio se efectuó de boca a boca, hasta que hacia el año 70 d.C, alguien a quien le había llegado esta narración oral (que ni se sabe quién fue, ni dónde estaba, ni cuando exactamente lo hizo) se decidió a ponerla por escrito. En papiro, naturalmente. A este primer ejemplar manuscrito en papiro, que no se conserva, se le fueron sacando progresivamente muchas otras copias (recuerde usted lo que se decía sobre este asunto en la primera parte de este artículo). Así durante bastantes siglos.

Y lo mismo sucedió con los otros 3 Evangelios Canónicos: en principio, todos se fueron transmitiendo oralmente. El de S. Mateo se puso por escrito (no se sabe por quién), entre el año 80 y el 90 d.C. El de S. Lucas, lo escribió alguien desconocido entre los años 90 y 110 d. C. El de S. Juan, el más tardío, se cree que alguna persona, también desconocida, lo escribió durante el reinado del Emperador Trajano (años 98 - 117 d.C.)

No se conserva ninguna de las copias originales en papiro de ninguno de los 4 Evangelios. La copia más antigua de las que se tiene noticia, es un corto fragmento de un papiro, que contiene una pequeña parte del Evangelio según San Juan. Fue escrito hacia el año 125 d.C., fecha que se obtuvo mediante el método del carbono 14.


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Algunos historiadores actuales alegan que, como los 4 Evangelios Canónicos se transmitieron en un principio oralmente, ello pudo dar lugar a variaciones fortuitas e incontroladas de estas narraciones. Además, una vez que fueron escritos, se tuvieron que ir sacando muchas copias consecutivas de los rollos de papiro correspondientes, con el consiguiente peligro de que los copistas introdujeran algunos cambios, voluntaria o involuntariamente (Recuerde usted lo que se decía sobre este asunto en la parte (I) de este artículo).

Por estas razones, aún sin dudar de la veracidad de las narraciones evangélicas, los historiadores consideran que los Evangelios no reúnen las condiciones necesarias para ser considerados como narraciones auténticamente históricas. En la parte (III) de este artículo se comentarán también otros dos motivos más por los cuales los historiadores se resisten a considerar a los Evangelios Canónicos como relatos verdaderamente históricos.


Autor : Enrique Garralaga Robres.


NOTA : El próximo domingo 8 de febrero, les ofreceremos la parte III " Algo más sobre los evengelios.


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