lunes, 5 de enero de 2026

POR LAS ORILLAS DEL MARTIN. ( Desde el Embalse, hasta el azud de las Vegas. )

                                 





Hoy queremos realizar , un recorrido nostalgico, rescatando lugares y rincones, desde el Embalse hasta el azud de las Vegas, cuando las aguas bajaban limpias y transparentes, los barbos se sumergian en sus aguas, y los ganados pajentaban las hiervas y cañaverales.

Partimos desde el Embalse (a los pies de la Torre Roya ), lugar emblematico para el baño, hasta los años 70, donde antiguamente cuando bajaban tantas riadas, para cruzar de una orilla a otra, existia una barca, que con la ayuda de una sirga, permitia  cruzar las turbias aguas de las crecidas.




Un poco más abajo, te encontrabas la palanca de madera, entre la zona de la barbacana y el paso a los Riveros, que fue mil veces arrastrada, por las frecuentes crecidas de aquella época.

Transcurriendo aguas abajo a la izquierda, nos encontramos con la Harinera de Juan Tena, donde vemos los carros cargados de trigo, para ser descargados en riguroso turno de llegada.



Alli mismo observamos los molinos de aceite de la familia Esponera y de la Cooperativa San Braulio, la gente va bien abrigada y descarga en las basculas los sacos de olivas traidas desde el monte.

Cruzamos el puente que sustituyo, al desaparecido puente romanico,  y nos encontramos a los patos y las ocas de la señora Leo , su colorido y su aleteo, te atrapa desde el puente y te traslada a otra época, a la que siempre quieres regresar.

Casi sin darnos cuenta llegamos al azud, el ruido del agua al caer por la catarata, el ver bajar por las escaleras los bañistas con sus toallas para bañarse en el azud, procedentes de San Antón y observar la vieja y polvorinta caseta electrica, destartalada y abandonada, nos transporta a otras formas de vida, no tan lejanas en nuestra localidad.

Salimos de allí y en la orilla izquierda localizamos el matadero y la Torre de Las Monjas, testigos mudos, de las andadas de torreros y franciscanos en dirección a sus destinos, cuando vivir y sentir en las torres, era más que un sentimiento.

Al final llegamos a nuestro punto de destino, el azud de las Vegas, (antes la recordada pasarela alta y de madera sobre el Martin ) y al final el embalse entre juncos, donde manos delicadas y amorosas de aquellas mujeres, que tendian la lana para su limpieza y secado, de aquellos viejos y añorados colchones.

Este ha sido un recorrido nostalgico, pues como dice el refran, recordar es volver a vivirlo, paseando por las orillas del Martin .


Manuel Forcada Lázaro.

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