viernes, 7 de octubre de 2016

RECUERDOS DE HIJAR : Las cencerradas. Autor: Diego Lasala Gerique.


Estaba en mi casa, pasadas las veinticuatro horas, ahora cero horas, con los libros y deberes que tenia que hacer para mis oposiciones al Cuerpo de Carteros Urbanos, de repente un gran estruendo de pucheros, ollas y calderos, me hizo dejar los estudios y bajar a la Plaza de la Villa, llenos de jóvenes y de ruido, en una casa de la plaza había unos recién casados ese día, ambos mujer y varón viudos.  Dirigente de la orquesta recién formada, el revoltoso y famoso hijarano José  “El Nanico “.  Esta costumbre como todas molestas ya están desaparecidas del pueblo.

Presencié ( dos en mi vida ) otra famosísima cencerrada, por el casamiento de dos viudos de avanzada edad, en que entre ellos tenían hijos entre si casados.  Digna de ver, se puede decir que iba todo el pueblo en ella, gentes pudientes, y gentes humildes, estos con los cencerros de los mejores ganados del pueblo, calles céntricas, carretera nacional 232, Plaza de San Blas, de San Antón, Cuesta de la Iglesia y del Olmo, en aquellos años en que no había libertad para manifestaciones y aglomeraciones de gente, se paso varias veces por el Cuartel de la Guardía Civil, ya cerrado por ser en plena noche.  Luego la ultima vuelta que se dio, los poderosos del pueblo fueron desapareciendo, había habido una orden en que se suspendiera la manifestación inmediatamente, se llego a la Plaza de San Antón, muchísima gente humilde sin la presencia de los pudientes, los cencerros grandísimos volaban, como eran muchos iban a todas las direcciones, las autoridades locales nocturnas y diurnas dieron la orden de disolverse y cada uno a su casa, no hubo respuesta a lo que se les dijo, la cencerrada seguía, hubo algún empujón y palos, se  requisaron y quitaron los cencerros y las esquilas, se tomo nota de los más revoltosos que no querían parar la cencerrada.  No hubo multas y no tardo muchos días en que el ayuntamiento devolvió a los interesados, todo el material requisado.  Fue una manifestación como todas cencerradas de ciudadanos, civiles pacificos.  Se disolvió aunque no fue pacíficamente por las autoridades del pueblo, la autoridad militar no tuvo nada que ver en los fuertes empujones y en recoger todos los cencerros y esquilos, que en la abundancia la gente llevaba.

No teníamos ordenadores, no teníamos móviles, no teníamos coche, pero el pueblo sabia divertirse sin gastar una sola peseta, con las tradiciones antiguas.

Autor : Diego Lasala Gerique.

1 comentario:

El Calandino dijo...

Yo, también recuerdo haber visto una en la que, los esquilos los cogían de la casa de Esponera, lo que no se para quien fue la esquilada.